Acerca del autor

Como hijo de misioneros, el autor sirvió en la República Popular China por casi catorce años como intérprete trilingüe, colaborando en iglesias internacionales, en iglesias oficiales y en iglesias hogareñas; dedicándose también a la enseñanza de las Escrituras y el evangelismo. A mediados del año 2018, Guido Lizzi retornó a la Argentina, con su esposa e hijos, donde continúa sirviendo en la comunidad china en Buenos Aires.

"Si fueren destruidos los fundamentos, ¿qué ha de hacer el justo?" 

Así decía el salmista (Salmo 11:3), frente a la misma situación que, desde la muerte de Abel, continúa acosando a la humanidad, y es el hecho de que los fundamentos de la moral y la razón son puestos a prueba constantemente, por una humanidad que aborrece a Dios, y que nada desea de Él. Entonces, ¿qué se hace cuando los fundamentos, que alguna vez fueron intocables, sagrados, inamovibles, hoy se vuelven no solamente subjetivos y obsoletos, sino inservibles y peligrosos? ¿Qué ha de hacer el justo, cuando aquello que alguna vez fue la vida de la sociedad, hoy termina dándose vuelta, poniéndose de cabeza, y lo bueno es tenido por horripilantemente malo, y lo malo por absoluta bondad?

En este sitio, exploraremos los fundamentos de nuestros padres. Este libro no está hecho para propagar libros del autor, sino para compartir el mensaje que me quita el sueño, viendo que, al avance de la maldad y la mentira, los justos no saben qué hacer, y en muchos casos, nada hacen.

En este sitio, se tratarán temas doctrinales que afectan a nuestra vida cotidiana. No escribiré para generar debate, sino más bien para que aquellos que anhelan a Dios, puedan hallar en Su Palabra todo el sostén necesario.

En este sitio, hablaremos de Dios y hablaremos del hombre. Hablaremos de Cristo y hablaremos de Su Iglesia. Hablaremos de la vida esclavizada que gobierna a los hijos de desobediencia, y hablaremos de la vida que hemos recibido por medio de la cruz de Cristo. 

En este sitio, revisitaremos el Evangelio olvidado, y las verdades que en algún momento habían sido las columnas de la Iglesia, que lamentablemente hoy han sido reemplazadas por modas mundanas. 

Quiera Dios ayudar a Su Iglesia, y atraerla con cuerdas de amor, para que aquellos que le anhelan, puedan hallar al Cristo crucificado.

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